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Lo mucho que valen y lo barato que nos salen

BComú se arrepiente del “salario ético” que se impuso. El entrecomillado es mío y el titular de La Vanguardia, pero el ridículo es todo del partido de Colau. Porque parece ser que han necesitado dos años de gobierno para descubrir lo poco que nos cuestan por lo mucho que valen y merecen, que es la forma menos modesta de aceptar que sus críticos tenían razón y que de la retórica revolucionaria no se come y que gobernar da mucho trabajo.

Según el documento interno que cita La Vanguardia, los 2.200€ al mes que se habían impuesto como sueldo les parecen poco porque otros camaradas revolucionarios de otros pueblos de España ganan más, y hay que combatir la desigualdad en todas sus formas, y porque ellos lo habían propuesto para no ser menos que la CUP y pensando que estarían en la oposición, donde se trabaja menos y se vive, como bien saben, mucho mejor. Ahora que están en el gobierno parece que hay prácticamente unanimidad en la necesidad de ajustarse los sueldos y que sólo queda decidir cuando hacerlo para no quedar mal ni justo antes ni justo después de las siguientes elecciones, que es otro modo de decir que lo quieren para anteayer.

Ahora que ya lo han entendido hasta ellos parece que no queda nadie a quien explicárselo, pero lo recuerdo por si acaso. Los dos argumentos principales a favor de que los políticos cobren un buen sueldo son los siguientes. El primero, para que la dedicación a la política no sea un lujo que sólo puedan permitirse hijos de papá. El segundo, para que en política entre además gente preparada y capacitada que podría cobrar un buen dinero en el sector privado, evitando que sólo se interesen por dedicar a ella su vida los que no pueden trabajar de nada más.

En resumen, para que en política pueda entrar gente como la que dice representar Ada Colau pero no sólo gente como la del partido de Colau. Que crean que la oposición debería cobrar menos y ellos más es sólo otro modo de quedarse a medias en su largo camino hacia la “profundización democrática”.

En todo caso, la decisión de los comunes de subirse el sueldo nos pone a sus críticos en un triste aprieto que son dos. El primero, que el aburguesamiento de los antisistema no puede ser sino una grata noticia para nosotros, que así los hemos querido siempre. El segundo, que no podemos criticarlos por darnos la razón, por mucho que nos pese el tiempo que se han tomado y que vayan a gozar de lo mejor de los dos mundos; la pureza del revolucionario y el sueldo de la casta.

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