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La resurrección populista

¿Escribir sobre Pedro Sánchez? ¿Por qué? ¿Qué ha hecho esta vez? Pues resurgir. Y con él, la tentación populista. No porque hubiese desaparecido, claro. Sino porque nadie se ha dejado caer en ella con el entusiasmo y la convicción de Pedro Sánchez. Nadie ha abrazado al oso del populismo de forma tan desacomplejada como él, quizás porque nadie parece tener tantos complejos por ser socialista como él. El resurgir de Pedro Sánchez sería, entonces, una estupenda noticia para el extremismo populista, que sabe que sus posibilidades de tocar poder no pasan tanto por ganar las elecciones como por derrotar y dividir a un PSOE que, acomplejado por la izquierda y por España, se deje caer en sus brazos.

Supongo que no tardaremos en darnos cuenta de que la victoria de Macron es mucho menos épica y extraordinaria de lo que ahora parece, y que la euforia con la que los buenos europeos la celebramos dice más de nuestros miedos que de nuestro futuro. Pero es, en todo caso, una victoria contra el extremismo populista y es, por lo tanto, una victoria que bien puede servir de lección a los socialistas. En primer lugar, porque demuestra, como decía, que el populismo dificilmente se basta consigo mismo para lograr el poder y que necesita del acomplejamiento, la división y la sumisión de los partidos tradicionales. En segundo lugar, porque demuestra que los europeos, especialmente después del Brexit y de Trump, no tenemos ningún problema en celebrar la normalidad institucional como el triunfo histórico que es, ni en dejar para mañana o para nunca la épica de la ruptura populista del sistema. Y demuestra, en tercer lugar, que incluso los franceses son capaces de votar a un reformista cuando la alternativa es el extremismo y aunque sea como mal menor. La victoria de Macron sirve para recordarnos, en definitiva, que de la crisis del bipartidismo se sale por el extremo o por el reformismo y que sólo por uno de esos lados se sale vivo.

Se equivocan quienes le piden a Macron que gane ya las elecciones del 2022. Y se equivocan porque piden demasiado y demasiado pronto. Parece que celebren esta victoria como una prórroga o una segunda oportunidad para Francia y para Europa, pero esto es un simple reflejo del discurso maniqueo y apocalíptico del extremismo, que no concibe el futuro si no es como hegemonía o aniquilación. Es la última lección que deberían aprender Pedro Sánchez y los socialistas; el populismo no desaparecerá fagocitado por ningún discurso nuevo y rompedor que puedan idear. El populismo es un problema sin solución que sólo puede combatirse desde el reformismo desacomplejado y la pulcritud institucional.

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