Ignacio Peyró

La “monarquía del bienestar”

La oscilación nalgar de Kate Middleton suele llevarse más portadas que un cambio en la ley hipotecaria.

Opinión

La “monarquía del bienestar”

La oscilación nalgar de Kate Middleton suele llevarse más portadas que un cambio en la ley hipotecaria.

William Bagehot afirmó que la corona “endulza la política con la justa adición de acontecimientos hermosos”, y quizá por eso mismo la oscilación nalgar de Kate Middleton suele llevarse más portadas que un cambio en la ley hipotecaria. Codificador de lo que todavía llamamos monarquía parlamentaria, Bagehot –quizá el más eminente de los victorianos eminentes- sabía que la corona puede mantenerse “escondida como un misterio” o bien “pasearse como en un desfile”. Conviene, ante todo, “no tocarla”: si no, se rompería ese “encantamiento místico” sobre quien la mira, cerca o lejos. “No debemos dejar que la luz del día se pose sobre su magia”. 

En la distancia de los siglos, ese Bagehot redivivo que es Bogdanor afirma que hoy asistimos a una “erosión continuada de la monarquía mágica por los aspectos más prácticos”. Signa temporum: la pompa tan sobria y tan medida de la Proclamación de Felipe VI, esa descendiente de la emperatriz de la India que transige necesariamente con el gesto banal de enviar un tuit. La corona obliga, con aquella “esclavitud precisa” de la que habló Felipe II, y “la cabeza de la nación ya no puede acogerse a su lejanía para sostener su mística”. 

Algo sigue igual, sin embargo, desde los tiempos de Bagehot: la monarquía todavía ha de ser “inteligible”. Eso implica gastar poco, abrirse mucho, trabajar. Lo han llamado la “monarquía del bienestar”. Lejos quedan los años en que un Eduardo VIII podía devolver los dossieres del Gobierno con el cerco de un vaso de un whisky.

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