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La máscara

Lo dijo el general Pítaco de Mitilene, cuyo busto he visto más de una vez en el Louvre: “¿Queréis conocer a un hombre? Investidle de un gran poder. El poder no corrompe, desenmascara”.

Lo dijo el general Pítaco de Mitilene, cuyo busto he visto más de una vez en el Louvre: “¿Queréis conocer a un hombre? Investidle de un gran poder. El poder no corrompe, desenmascara”. Pues eso. Berlusconi, ese hombre, un miserable venido a más, ha terminado siendo una caricatura. Caricatura de malvado, caricatura de canalla, caricatura de gobernante. En fin, una caricatura de sí mismo. Seguro que ha sido siempre igual, pero el poder le ha desenmascarado.

La formidable foto de Alessandro Bianchi nos muestra a un tipo ajado al que no le salva de la hecatombre moral ni la recua de cirujanos estéticos que han convertido su jeta repugnante en una máscara. No le queda piel para estirar, como no le queda una micra de decencia, si es que algún día dispuso de ella. Su mirada se pierde no en el horizonte, sino en lo más hondo del suelo. Carece ya de los mínimos de dignidad como para cruzar sus ojos ni siquiera con el objetivo de una cámara. El fondo negro resalta su color macilento, que no evitarían mil bisturís de oro. No hay máscara capaz de ocultar tanta inmundicia. 

Los ropones italianos andan ahora tras una trama de falsos testimonios y corrupción de testigos en el caso de Ruby, la pobrecita que quedó fascinada por los euros del presidente bunga bunga junto al resto de colegas bailarinas que le alegraban la vida a este multimillonario pobre hasta la miseria en su riqueza hortera y opulenta.

He conocido a más de uno que le ha tratado. Berlusconi es de esos tipos que cree que el dinero lo soluciona todo y que las mujeres son una mercancía de usar y tirar que se puede comprar sin límite. Y sí, es verdad que el dinero ayuda, y que hay mujeres, y hombres, que por unos billetes pierden la dignidad y el oremus.

No juzgo el comportamiento sexual entre adultos. Allá cada cual con el modo en que se suministra los placeres de la carne. De Berlusconi lo que me interesa es que es uno de los gobernantes que más daño ha hecho en las últimas décadas a la casta política, a la imagen de quienes han de gestionar la cosa pública. Porque lo suyo ha sido la Cosa Nostra, y, sabiéndolo, le han votado muchos muchas veces. Hasta ese punto vivimos en una sociedad enferma. Esta máscara me inspira muchas cosas: sobre todo, asco. ¿Qué piensan de él ahora los que le bailaron el agua, le rieron las gracias y fueron cómplices de sus políticas? 

 

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