Octavio Cortés

La gran danza de la caña

Según leemos, se ha producido un accidente con 65 muchachas muertas en Suazilandia, durante el Festival de la Danza de la Caña, durante el que miles de vírgenes bailan semidesnudas ante el Rey para que él escoja esposa.

Opinión

La gran danza de la caña
Octavio Cortés

Octavio Cortés

Filósofo mallorquí­n recalcitrante & taoí­sta lebowskiano. Sus últimos libros son ""Cómo apedrear a un escritor de éxito"" y ""Voladura controlada"" (Ed. Sloper).

Según leemos, se ha producido un accidente con 65 muchachas muertas en Suazilandia, durante el Festival de la Danza de la Caña, durante el que miles de vírgenes bailan semidesnudas ante el Rey para que él escoja esposa.

Según leemos, se ha producido un accidente con 65 muchachas muertas en Suazilandia, durante el Festival de la Danza de la Caña, durante el que miles de vírgenes bailan semidesnudas ante el Rey para que él escoja esposa.

Hermosa costumbre, que en algo nos recuerda a aquello que estamos viviendo por estos lares después de las elecciones de mayo y la irrupción de la “nueva política” en ayuntamientos y comunidades autónomas. Al ciudadano se le obliga a danzar al son de los Nuevos Tambores Demagógicos: el animalismo, la detección histérica de bustos del rey, las concejalías sobre Ciclo de la Vida, la hagiografía zeroliana, etc. Desde sus poltronas, los Compañeros y Compañeras Socialmente Concienciados, se complacen en la danza viva y colorista, sorben sus cocktails y escogen a quien beneficiarse.

En Baleares, la líbido depredadora del nuevo gobierno se ha centrado en derogar la Ley de Ayuda a la Familia y eliminar los conciertos educativos de los centros con educación diferenciada en Mallorca o los cursos de bachillerato concertado de Menorca. Algunos hemos cometido la osadía de no querer seguir bailando en taparrabos para el reyezuelo bribón, lo que se ha considerado una especie de insolente desacato. Movilizados por la defensa de nuestras libertades, hemos cambiado la danza de la concubina por un Corte de Mangas Ilustrado, en cívica plenitud.

El tripartito (auténtico tri-party boat de desmanes, como un catamarán de tres quillas, atestado de asesores borrachos, presto al naufragio florido) accedió al poder aupado por el callejeo batasuno de un sector educativo en llamas; prometieron, sobre todo en Eduación, restaurar la concordia y el diálogo. Su otro gran lema fue detener el retroceso en materia de derechos civiles.

Sin embargo, una gran parte de ciudadanos lo que vemos es mucho más sencillo que todo eso: al que no baila la Nueva Música con la suficiente lubricidad y convencimiento, se le pasa por la piedra sin mayor problema.

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