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La gaya izquierda

Foto: QUIQUE GARCIA | EFE

Nadie podrá decir que no lo haya intentado. El taxista ha pedido perdón por sorprenderse en público de que un ministro gay y de izquierdas le mandase la policía. Le pidieron que rectificase y accedió sumiso, pero no podía hacerlo bien porque no sabía en qué se había equivocado. No podía, de hecho, rectificar frente a los ofendidos, porque el origen del error, el error mismo en realidad, estaba en la creencia, que compartían y comparten el uno y los otros, de que ser gay y ser de izquierdas es ser doblemente pacífico. Buena persona al cuadrado. Era un elogio, pero ya nadie entiende como elogio lo que puede entender como insulto y salieron a decir que a qué venía eso de recordarle lo obvio a todo un ministro.

El error es común y de difícil solución. Es un error de profunda incomprensión, tanto de la izquierda como de los gays, que no resuelve el recordatorio, que traigo aquí por si acaso, de que los gays también son personas y que las izquierdas pueden ser tan sanguinarias como el que más. Es el error que lleva de vez en cuando a algún aliado a decir que no hay violencia doméstica entre parejas homosexuales (y cómo podría, si violencia doméstica es por definición de hombre a mujer) y es el mismo error que llevó al tripartito de izquierdas que gobernó la Generalitat a poner al socio más puro, al comunista, a cargo de la policía. Cuando se hizo evidente que no se podía ser al mismo tiempo Consejero de Interior y de izquierdas apareció Colau para recordar lo que era la izquierda verdadera y así hasta ahora.

l lunes mismo, por ejemplo y por aquellas casualidades, lo recordaba en la concentración que se celebró en Barcelona para condenar el ataque al centro LGTBI+. Allí quedó claro que nadie pronuncia lgtbifobia como Colau y que nadie sonríe como ella (sonrisas que dan para tesis) cuando anuncia contundencia contra el fascismo. Allí quedó claro que si no fuese de izquierdas hubiese invocado el 155 para acabar con la lgtbifobia de una vez por todas y esta es una diferencia a tener en cuenta. Y quedó claro por lo tanto que ser de izquierdas es usar la ley, la policía, el populismo punitivo y todos y cada uno de los instrumentos y recursos represivos del Estado para defender a los suyos. Que ser muy de izquierdas es como ser muy de derechas pero contra otra gente distinta. Que esto y nada más quiso decir el taxista y nadie quiso entender.

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