Melchor Miralles

La bendición de Casado

Tenía que ser él, Aznar, el macho alfa del PP, quien bendijera a Casado, el joven presidente que ha conseguido reunir en aparente armonía a los dos partidos que conviven en el PP. El viernes, merienda con Rajoy y el sábado aperitivo con Aznar, que ha vuelto a casa con fuerza, y ha repartido la bendición a un Pablo Casado que presume ya de haber acabado con el fortín socialista en Andalucía, aunque el líder local, Juanma Moreno, fuera hombre de Rajoy, pero aprendiz de Arenas, y trate ahora de mostrarse de todos, de Rajoy, de Aznar, de Soraya y sobre todo, ahora, de Casado.

Opinión

La bendición de Casado

Tenía que ser él, Aznar, el macho alfa del PP, quien bendijera a Casado, el joven presidente que ha conseguido reunir en aparente armonía a los dos partidos que conviven en el PP. El viernes, merienda con Rajoy y el sábado aperitivo con Aznar, que ha vuelto a casa con fuerza, y ha repartido la bendición a un Pablo Casado que presume ya de haber acabado con el fortín socialista en Andalucía, aunque el líder local, Juanma Moreno, fuera hombre de Rajoy, pero aprendiz de Arenas, y trate ahora de mostrarse de todos, de Rajoy, de Aznar, de Soraya y sobre todo, ahora, de Casado.

El final de Rajoy, tan cansino, dejó a Pablo Casado en la situación de tener que pelear por la derecha con Vox, por el centro con Ciudadanos y por la izquierda con el PSOE. Es complicado vender un futuro nuevo sin ningún desprecio al pasado, pero no cabe duda de que esta Convención del PP, que no ha sido tanto para un rearme ideológico como para una resituación estratégica eficaz, no le ha salido mal a Casado y los suyos, que desde el marketing y la decoración del local, con su música a tope y los focos discotequeros gira que te gira, a los invitados, ha cuidado el mensaje en forma y fondo para vender un partido más moderno que no renuncia a sus esencias. Y ahí es donde Aznar, más que Rajoy, es quien le ha dado el espaldarazo definitivo al joven Casado, al que le dijo que “eres un líder como un castillo, sin tutelas ni tutías”, rememorando al Fraga que hace 30 años refundó Alianza Popular en el PP y dio paso, con muchas dudas, al Aznar que ahora representa más que ninguno las más puras esencias de la derecha de toda la vida.

En el Congreso de julio el PP evidenció que estaba desunido, separado, a bofetada limpia entre sus mandamases, pero en esta Convención que celebran al calor de la toma de posesión del Gobierno andaluz Casado ha demostrado capacidad para gestionar la división con astucia y mano izquierda, consiguiendo que al personal le llegue un mensaje de que algunas cosas sí han cambiado, y de que manda él, con respeto a sus mayores que no se hablan, pero con criterio propio y capacidad de gestión del mando.

Ahora le queda mucho, muchísimo, para ser alternativa verdadera, pero si ha conseguido que Aznar vuelva a casa y diga que hay que votar al PP, puede lograr una paz, aunque sea ficticia, que le allane el camino de aquí a las generales que tardarán, pero llegarán. Quizá le venga bien a Casado que Sánchez esté empeñado en agotar al máximo la legislatura, porque necesita tiempo y cocción para estar en condiciones de presentarse como alternativa real al Gobierno socialista y de izquierdas y ganar unas generales.

Ahora le toca a Casado y el PP seguir definiendo ideológicamente al PP, evitando el estorbo en que se le han convertido Vox y Ciudadanos, que van a por él a saco, y no lo va a tener sencillo. Cuanta más unidad tenga entre sus filas más posibilidades de éxito. Por ahora, esta Convención le ha salido bien, y la termina bendecido por Aznar, que era el único que podía hacerlo con toda la autoridad de la mayoría de los votantes y simpatizantes de su partido. Rajoy, despeinado, quedó para una tertulia con Ana Pastor que no dio para más.

Melchor Miralles

Melchor Miralles

Periodista, productor de televisión y cine y escritor. Le gusta leer, viajar, comer, o sea, un disfrutón de la vida.

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