Daniel Ramirez Garcia-Mina

La belleza de la catástrofe

Pulsa el botón cuando hay que pulsarlo, por instinto, por desconocimiento, por azar o por certeza, pero lo pulsa. Después, cuando escapa del temblor, el fuego, la furia del mar o la rabia del viento, mira a la pantalla y ahí está: la belleza de la catástrofe.

Opinión

La belleza de la catástrofe

Pulsa el botón cuando hay que pulsarlo, por instinto, por desconocimiento, por azar o por certeza, pero lo pulsa. Después, cuando escapa del temblor, el fuego, la furia del mar o la rabia del viento, mira a la pantalla y ahí está: la belleza de la catástrofe.

Un iglesia brilla en la oscuridad. Las llamas la encienden y hacen que resplandezca en la noche oscura. Los bancos de madera se van consumiendo poco a poco, al ritmo de una melodía de pocos instrumentos, de un simple crepitar. Los tonos rojizos, azulados y verdosos de las vidrieras alcanzan su máximo esplendor con el fuego, cuya luz es mucho más potente que la del amanecer.

Las chispas saltan veloces y rodean la construcción dándole un halo contradictorio de eternidad, creando una imagen maravillosa, inmortal, a pesar de ocultar un final inmediato. La belleza de la catástrofe es, en ocasiones, inigualable. Muchos directores querrían construir algo así, muchos escritores desearían imaginar unas llamas como éstas, más de un pintor desearía trazar el incendio de esta iglesia en su lienzo.

Quizá la preciosidad de estos momentos inmortales, pero que transportan la muerte, sean el único tesoro escondido dentro de estas desgracias. Además, hay que tener suerte para encontrarlo, estar en el lugar preciso y en el momento adecuado.

La belleza de la catástrofe juega a la ruleta y aparece en el más profundo de los horrores, cuando las prioridades son otras, cuando las vidas se pierden, y la naturaleza acaba con todo. A veces, como ocurre en el casino, un tipo que pasa por ahí se la juega y acierta. Pulsa el botón cuando hay que pulsarlo, por instinto, por desconocimiento, por azar o por certeza, pero lo pulsa. Después, cuando escapa del temblor, el fuego, la furia del mar o la rabia del viento, mira a la pantalla y ahí está: la belleza de la catástrofe.

Más de este autor

San Fermín en cinco postales

Los mejores sanfermines son los que no se planean, aquellos que fluyen como el vino que se derrama, como los toros que galopan por la Estafeta, como los gigantes que danzan sobre los adoquines.

Opinión

En blanco y negro

El domingo volverán las urnas aquejadas de una falta notable de color, aunque todavía existen muchos, como dice esta canción, “capaces de emocionarse en estas calles de andar inmortal”. Brindemos por ellos, vengan por la izquierda, el centro o la derecha.

Opinión

Más en El Subjetivo

José María Marco

COVID-19. La tempestad

Danme voces de Seir: Centinela, ¿qué queda de la noche? Centinela, ¿qué queda de la noche? / El centinela respondió: La mañana viene, y después la noche. Si queréis preguntar, preguntad, volved y venid. Isaías, 21: 11-12

Zibaldone

Compartiendo con Promoted

Pablo de Lora

All facts matter?

«Es obvio que Estados Unidos sufre un problema de violencia, en general, y de violencia policial en particular. ¿Quién objetaría a tratar de solucionarlo en la mayor medida posible? Pero parece también que los datos evidencian un problema añadido de discriminación racial»

Opinión