Javier Capitan

Invento chino

“Quien bien te quiere te hará llorar” es un refrán español que está mutando a proverbio chino. Porque debe ser esa la filosofía que inspira la medida que se ha tomado en algunos colegios de China para combatir la miopía.

Opinión

Invento chino

“Quien bien te quiere te hará llorar” es un refrán español que está mutando a proverbio chino. Porque debe ser esa la filosofía que inspira la medida que se ha tomado en algunos colegios de China para combatir la miopía.

“Quien bien te quiere te hará llorar” es un refrán español que está mutando a proverbio chino. Porque debe ser esa la filosofía que inspira la medida que se ha tomado en algunos colegios de China para combatir la miopía. Se trata de obligar a los niños a mantener la distancia que garantice una lectura o escritura saludable, esa que protege nuestra mirada de desenfoques ulteriores. El invento chino para evitar tan peligrosa cercanía al papel consiste en ponerles una barra mantenedora de distancias. La barra en cuestión queda a la altura del cuello del chino infante, de tal forma que si la pobre criatura se aproxima demasiado al papel, se produce una presión en su cuello que, de no cesar voluntariamente, acabaría en intento de suicidio por asfixia.

Ignoro si esos pobres niños conseguirán esquivar la miopía con tan curioso invento, pero yo agradezco haberme saltado la barra y formar parte desde los catorce años del selecto club de los “cuatro ojos”. Aparte de poder decorar mi careto con gafas (anda que no hay diseños bonitos), la miopía permite evitarse las escenas desagradables de las películas y pasar de sangre a mancha roja difuminada en un santiamén. Por otra parte, sólo los miopes sabemos el espectáculo que crean las luces en la noche cuando nos quitamos las gafas. No os lo narro, porque ese es uno de nuestros privilegios.

El problema de este invento chino es que cree condicionamiento y que, cual perros de Pavlov, los pobres chicos sean incapaces de leer o escribir sin el artilugio de marras. Los imagino armados con un kit mantenedor de distancias para leer la carta del restaurante, firmar el recibo de la tarjeta de crédito, leer un libro en el metro o rellenar el parte amistoso tras un pequeño accidente de tráfico. Y no te digo nada si un día se lo dejan olvidado en casa: “perdone, ¿puede usted ahogarme un poco que tengo ganas de leer?”. Tal vez se convierta en verdad eso de que la cultura es peligrosa.

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