Amando de Miguel

Huracanes y tornados

Los conquistadores españoles del siglo XVI se quedaron pasmados ante la furia de los elementos atmosféricos en el territorio que hoy corresponde a los Estados Unidos. Los norteamericanos incorporaron de los españoles dos nuevas palabras: hurricanes y tornadoes. .

Opinión

Huracanes y tornados
Amando de Miguel

Amando de Miguel

Sociólogo español, colaborador habitual de medios de comunicación. Es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Realizó estudios de postgrado en la Universidad de Columbia y ha sido profesor visitante en las de Yale y Florida y en El Colegio de México.

Los conquistadores españoles del siglo XVI se quedaron pasmados ante la furia de los elementos atmosféricos en el territorio que hoy corresponde a los Estados Unidos. Los norteamericanos incorporaron de los españoles dos nuevas palabras: hurricanes y tornadoes. .

Los conquistadores españoles del siglo XVI se quedaron pasmados ante la furia de los elementos atmosféricos en el territorio que hoy corresponde a los Estados Unidos. Los norteamericanos incorporaron de los españoles dos nuevas palabras: hurricanes  y tornadoes. La primera (“huracanes”) la habían tomado los españoles de los indígenas de Cuba. Quería decir “ventarrones”. Los tornadoes suena aún más español que “tornados” o, mejor, “tronadas”.

La respuesta de los conquistadores españoles a esa furia de los elementos fue la de construir casas bajas de piedra. Algunas han resistido hasta hoy. Lo que asombra es que, ante la embestida de huracanes y tornados, los estadounidenses hayan seguido construyendo endebles viviendas de madera. Año tras año vemos la imagen de algunas urbanizaciones con casas convertidas en astillas al paso de un tornado. Es un ejemplo más de lo irracional que puede llegar a ser la conducta humana y de lo poco que sirve la experiencia. El hombre tropieza con la misma piedra, no ya dos veces, sino innumerables.

Todavía los huracanes se han llegado a anticipar. Ante la llegada de alguno de ellos, la población resulta avisada por todos los medios y se provee de agua, conservas, pilas y velas. En el caso extremo se refugia en el sótano doméstico. Pero los tornados son más traidores. Su alcance es solo local, pero sus efectos destructivos pueden ser inmediatos. No hay forma de prevenirlos, excepto saber que hay una estación propicia para ellos (la primavera). Se sabe igualmente que afecta sobre todo a las grandes llanuras de las cuencas de los ríos Misisipi y Misouri. Pero esa es una extensión inmensa (como media Europa). Ya digo que la única prevención parcial es construir de otra forma: hoy sería el hormigón.

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