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Opiniones libres de algoritmos

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Hemos cruzado la línea

Y hemos cruzado la línea de lo que era un proceder humano. No existe la comunicación no verbal porque sólo existe la verbal. Y para ella necesitamos un cargador. Y si antes éramos infieles de la manera más tonta, facilona y lógica, ahora sobrevivimos presos de lo que hemos inventado.

Hubo un tiempo, hace ya demasiados años, en el que parece que individuos bastante inteligentes habían descubierto el elixir no de la vida misma, sino del porqué de esta. Y se trata de la filosofía y uno de sus primeros métodos el diálogo, desarrollado en la antigua Grecia por dos genios llamados Sócrates y Platón. Ambos comprendieron que nos entenderíamos mejor a través del diálogo, de preguntas, de respuestas. Desde entonces nadie ha llegado a la verdad última del universo, o por lo menos el ser humano no se pone de acuerdo con ella.

Ese fluir de Formas o Ideas puede morir por la efervescencia de esos momentos que en cuestión de unos años se han evaporado como el agua. Esa sensación con la que uno siente que su cerebro está a punto de romperse de tanto meditar. Cada vez menos. Lo hacemos, pero engullidos por un individualismo feroz que, pese a ser necesario en ciertos momentos de nuestra vida, ha dejado sin abrigo con el que cubrir en invierno a la sociedad desvalida ni sombrilla con la que taparla del feroz y sofocante calor estival veraniego.

Y hemos cruzado la línea de lo que era un proceder humano. No existe la comunicación no verbal porque sólo existe la verbal. Y para ella necesitamos un cargador. Y si antes éramos infieles de la manera más tonta, facilona y lógica, ahora sobrevivimos presos de lo que hemos inventado.

No seré yo quien apalee las nuevas tecnologías porque clamo para que jamás desaparezcan. Pero AY de ese límite franqueado y que ha llevado a sus propios prisioneros a quitarse la vida porque han sido pillados de la manera más tonta. El hacker como tu peor enemigo. Las armas ya no llevan pólvora. Llevan bits también cargados de odio, puede que de venganza y por qué no, de traición.

Esos hombres no han tenido valor para enfrentarse a su vida real. Hasta entonces es posible que vivieran en una pompa de virtuosismo camuflado, atrapados por el absurdo del que hablaba Camus en El mito de Sísifo. El absurdo, defendía, depende tanto del hombre como del mundo. Y los mismos que abandonaron el diálogo tradicional, más allá de la lealtad humana, no pudieron enfrentarse a él. La cobardía es la debilidad misma y la mayor tragedia del ser humano.

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