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España no tiene precio

Cómo debe de estar el patio para que la nula credibilidad de Rivera sea vista como un ejemplo de responsabilidad política al lado de un Pedro Sánchez al que ahora le parecen ébola cien de las medidas que hace apenas unos meses le parecieron más que digeribles y un Mariano Rajoy al que le ocurre exactamente lo mismo, pero al revés. Que Ciudadanos, que no es ni el segundo ni el tercero sino el cuarto partido del Congreso, ande mediando entre PP y PSOE es como si nombramos juez de familia al hijo menor de la pareja y le endilgamos la responsabilidad de poner paz en el divorcio, repartir los bienes y determinar el régimen de visitas. Una cosa bastante irresponsable, para entendernos. 

El caso es que, salvo sorpresa, vamos directos a unas terceras elecciones en las que estaría bien que no votara ni un 10% del censo electoral para que sus resultados fueran lo más macarrónicos y menos representativos posibles. Ojalá una mayoría absoluta del PACMA con una oposición liderada por Aragón Sí Se Puede Huesca, el Partido Comunista Obrero Español o cualquier otra secta marginal por el estilo encabezada por jornaleros andaluces de panzas pantagruélicas y hambre suficiente como para llenar cuatro o cinco branas. Nos reímos de la posibilidad de un Donald Trump presidente de los EE. UU. pero los resultados de unas elecciones generales españolas celebradas un 25 de diciembre pueden hacer que Amanece que no es poco parezca puro realismo italiano.

Mención aparte para la grosería de Sánchez diciendo que la reunión había sido “perfectamente prescindible”, algo que de ser cierto el muchacho debería haberse callado elegantemente porque para algo aspira a la presidencia del Gobierno y no a la del club de petanca de su barrio, y que anda en la línea de la ya tradicional mala educación de cabrero con ínfulas de la izquierda española. Ya saben, esa que no se levanta en los desfiles al paso de la bandera americana o que pretende representar a todos los españoles vestida de camarero del Desarrollismo franquista porque así es como nos ven ellos a todos los españoles.

Algo no les voy a negar: España no tiene precio para un columnista.

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