Raquel Sastre

Envidia de Fatwa

Cada vez que escribo un texto de ficción humorística me encuentro siempre con lo mismo: con la envidia de fatwa. Da igual si en el texto hay chistes sobre cristianismo, veganismo, homeopatía o ser de Murcia; siempre hay un grupo de personas que responden, cual energúmenos, a la ficción como si lo escrito fuese un dogma.

Opinión

Envidia de Fatwa

Cada vez que escribo un texto de ficción humorística me encuentro siempre con lo mismo: con la envidia de fatwa. Da igual si en el texto hay chistes sobre cristianismo, veganismo, homeopatía o ser de Murcia; siempre hay un grupo de personas que responden, cual energúmenos, a la ficción como si lo escrito fuese un dogma.

Cada vez que escribo un texto de ficción humorística me encuentro siempre con lo mismo: con la envidia de fatwa. Da igual si en el texto hay chistes sobre cristianismo, veganismo, homeopatía o ser de Murcia; siempre hay un grupo de personas que responden, cual energúmenos, a la ficción como si lo escrito fuese un dogma. Y, casi siempre, reaccionan de la misma forma: «con el Islam no te atreves». Porque, en el fondo, lo que estas personas buscan es poder sacar toda su frustración, su violencia intrínseca, su ira acumulada, de forma de legítima (y legal) y transformarla en violencia hacia la persona que les ha ofendido; en este caso, una humorista.

En todos estos años que llevo trabajando con el humor me he dado cuenta de lo socialmente necesarios que somos los cómicos, y no me refiero tanto a la labor de hacer reír a la gente en los momentos difíciles, sino a la tarea de enfadar a la gente con la ficción. Si estas personas saltan tan enfadadas por un chiste, que es ficticio, imaginaos con la realidad. Si tu novio reacciona violentamente por un chiste de su equipo de fútbol, ¿qué hará cuando quedes a solas a tomar café con un amigo?. Si tu amiga se ofende y desea la muerte a una humorista por hacer una gracia con ser vegano, ¿te gustaría encontrártela a solas en un callejón a oscuras mientras te comes una hamburguesa de ternera?. O peor aún, ¿cuánto queda para que los fanáticos pidan instaurar de nuevo la santa Inquisición?

Así que los humoristas somos los que os resguardamos de la violencia y la ira de los idiotas de vuestro entorno. Cada vez que os encontréis con un «chistoso», reconocedle ese gran sacrificio. Mientras exista la ficción humorística, los imbéciles estarán centrados en nosotros y os dejarán tranquilos. Los cómicos os mantenemos a salvo. Somos los héroes del S.XXI.

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