Ferran Caballero

Entre lo dicho y lo hecho

En Cataluña Radio le preguntaron al Presidente Torra si se sentía carcelero de sus propios compañeros. Por aquello de que son presos políticos durmiendo al fin en cárceles catalanas. Dijo Torra que no se sentía tal cosa, que quien los ha encarcelado es la legislación española. Pero el carcelero no es el juez, sino quien administra los barrotes. Y quien administra los barrotes es su gobierno, es decir él, por aquello de que la administración de las cárceles está transferida a la Generalitat. Si a Torra se le pregunta sobre lo que siente y si Torra responde sobre lo que no siente es porque todo el mundo sabe que a estas alturas y ante semejante panorama no merece la pena discutir sobre lo que piensa hacer al respecto, que es nada. Porque si Torra cree que son presos políticos y tienen las llaves de su celda, o las usa para liberarlos o se convierte en cómplice.

Opinión

Entre lo dicho y lo hecho
Foto: Renata Brito
Ferran Caballero

Ferran Caballero

Profesor de filosofía y autor del libro "Maquiavelo para el s.XXI". "Tot ve que cau"

En Cataluña Radio le preguntaron al Presidente Torra si se sentía carcelero de sus propios compañeros. Por aquello de que son presos políticos durmiendo al fin en cárceles catalanas. Dijo Torra que no se sentía tal cosa, que quien los ha encarcelado es la legislación española. Pero el carcelero no es el juez, sino quien administra los barrotes. Y quien administra los barrotes es su gobierno, es decir él, por aquello de que la administración de las cárceles está transferida a la Generalitat. Si a Torra se le pregunta sobre lo que siente y si Torra responde sobre lo que no siente es porque todo el mundo sabe que a estas alturas y ante semejante panorama no merece la pena discutir sobre lo que piensa hacer al respecto, que es nada. Porque si Torra cree que son presos políticos y tienen las llaves de su celda, o las usa para liberarlos o se convierte en cómplice.

El mismo día y casi a la misma hora decía Sáez de Santamaría que en Cataluña Torra y los suyos practican el Apartheid. Por aquello de que está en plena campaña para las primarias y que estas campañas suelen ganarlas los más primarios. Pero Santamaría tiene aquí el mismo problema que Torra; que sus palabras enmiendan sus actos y sus actos desmienten sus palabras. Si hay Apartheid en Cataluña, y si lo hay desde hace al menos algo más de un mes, debería explicar por qué no pidió amparo a Europa, a la ONU, a la OTAN, a los Estados Unidos de América. Por qué no hizo uso del ejército para liberar Cataluña. Debería explicar también quién es y en qué cárcel tienen encerrado al Mandela de Turno.

Pero Santamaría tampoco responderá por sus palabras, porque ya se sabe que no hay que tomárselas tan en serio. Lo suyo era una versión más o menos castiza del viejo «reductio at hitlerum», y frente a eso no cabe en realidad ni escandalizarse porque, como suele decirse, banalice el nazismo. Ni lo banaliza ni lo pretende. Lo único que pretende y lo único que consigue es banalizar todo lo demás. Lo único que logra es diagnosticar los problemas en unos términos tales que baste con que los buenos lleguen al poder para que desaparezcan y se olviden. Lo vimos en todos y cada uno de los Ayuntamientos del cambio. Y lo hemos visto mejor y más reciente con la llegada de Pedro Sánchez al poder, que de la noche a la mañana pasó de problema a solución de todos y cada uno de los muchos problemas que no tiene este país.

Suele decirse que la distancia entre lo que dicen y lo que hacen los políticos es tan grande que deja un enorme espacio para que nazcan y crezcan los partidos populistas, extremistas, xenófobos o como se les llame en cada momento. En realidad, el espacio es tan grande que da para que crezca incluso un Presidente Sánchez, que lo único que ha hecho y lo único que tiene que hacer es dejar que los problemas que no existían se olviden pronto y que los problemas que sí que existen no se le calienten demasiado. Para fines semejantes, no encontrará mejor paracetamol que los discursos de Torra y Santamaría.

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