Sara Montero Minguez

Embarazo no deseado

A veces, se trata el tema del embarazo de manera realmente perversa. Nos intentan de que la maternidad no es un derecho, ni siquiera una decisión, sino una imposición biológica con la que la mujer tiene que cumplir.

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Embarazo no deseado

A veces, se trata el tema del embarazo de manera realmente perversa. Nos intentan de que la maternidad no es un derecho, ni siquiera una decisión, sino una imposición biológica con la que la mujer tiene que cumplir.

Pocos motivos pueden hacer que un nacimiento sea visto como un fracaso. Venezuela lidera el ranking sudamericano de embarazo precoz. Tener un bebé se convierte en un problema para muchas niñas. Según las cifras del Fondo de Población de Naciones Unidas, se producen unos 101 nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años de edad en este país.

Esta campaña ha logrado lo que se proponía: que se hable de un problema que en muchas casas sigue siendo tabú. Ponerlo en un lugar visible (un escaparate), en una figura admirable (un maniquí) y en un centro de relación social (un centro comercial donde se charla  y se compra animadamente). Además de las niñas de plástico (que simulan tener de 12 a 15 años) tiene también un fuerte impacto visual la imagen de los dos niños. Ellos serán los compañeros, los amigos o incluso los padres de esos bebés. El espectador nunca logrará saberlo.

A veces, se trata el tema del embarazo de manera realmente perversa. Nos intentan de que la maternidad no es un derecho, ni siquiera una decisión, sino una imposición biológica con la que la mujer tiene que cumplir. Pero para una familia sin recursos un embarazo temprano es una desgracia con final feliz. Cuando una niña sin recursos se queda en estado, tiene que abandonar sus estudios y, por tanto, sus posibilidades de desarrollo. No tendrá un buen trabajo, ni un salario decente para educar a sus hijos. En definitiva, se agotan las herramientas con las que romper la cadena de la pobreza.
En España, el embarazo precoz no es un problema grave (ya que es menos numeroso), pero sí muy polémico. Me recorre un escalofrío cada vez que oigo decir que una joven que se queda embarazada debe tener forzosamente al bebé para «asumir su responsabilidad». Me niego a afrontar la maternidad como un castigo y a los neonatos como moneda de una deuda a pagar para desquitarse de una culpa impuesta.

 
El derecho a decidir abarca también el deseo de tener ese bebé.

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