Javier Capitan

El “viacrucero”

Para más de uno, las vacaciones soñadas consisten en realizar un crucero en uno de esos magníficos hoteles flotantes que van surcando los mares con parada en algunas estaciones.

Opinión

El “viacrucero”

Para más de uno, las vacaciones soñadas consisten en realizar un crucero en uno de esos magníficos hoteles flotantes que van surcando los mares con parada en algunas estaciones.

Seguramente, para más de uno, las vacaciones soñadas consisten en realizar un crucero en uno de esos magníficos hoteles flotantes que van surcando los mares con parada en algunas estaciones. Debo reconocer que no me encuentro entre ese grupo de soñadores y que, tal vez por ello, mi única experiencia ha sido la de navegar por el Nilo disputando con intensidad las contrarreloj de las visitas a los templos. Pero quién sabe si, con el paso de los años, mi perfil de viajero va cambiando y dentro de algún tiempo me encuentro en uno de esos grandes barcos haciendo lo que nunca suelo practicar: tomar el sol, darme chapuzones en la piscina, compartir animadas charlas en la cena con desconocidos, bailar hasta el amanecer, volverme loco con las actividades que proponen los animadores e intentar arruinar a la empresa que me ofreció un todo incluido. 

Noticias como la del virus de infección masiva que ha actuado a sus anchas en un crucero de Royal Caribbean no me animan especialmente a ello, pero reconozco que me pica un tanto la curiosidad saber cómo se estará viviendo en el barco durante estos días. La gastroenteritis colectiva ha convertido el viaje en un “viacrucero” para los afectados, que deben estar practicando un “todo excluido” menos los retortijones. No sé si los animadores habrán rediseñado su hoja de actividades ni si habrán reconvertido el juego de la silla en el juego del “trono”, ya saben, ese en el que a la llegada del retortijón o te sientas o te…

En situaciones como estas siempre florecen nuevos negocios, como el de la reventa de puestos en las colas del baño o el floreciente mercado negro de papel higiénico, ese oscurecible objeto de deseo. Parece que los afectados están a punto de desembarcar en Nueva Yersey y no me cabe duda de que lo harán al grito de “me cago en la mar salada”. Una experiencia inolvidable.

 

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