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El molde

Ya se ha contado una y mil veces que el Frente Nacional nació en el laboratorio de François Miterrand, que era el artefacto que garantizaría el gobierno perpetuo de la izquierda mediante la división de la derecha y que nadie previó que el monstruo se descontrolaría, ensancharía su base electoral y se haría con los cinturones obreros que entonces se debatían entre el socialismo y el comunismo.

La gran proeza política de Marine Le Pen es la ‘dediabolización’. Es un proceso que emprendió con éxito en los municipios del norte de Francia, que consistía en despojarse de cualquier atisbo de nostalgia, una refundación estética que le llevó a traicionar a su propio padre y cuya destilación penúltima fue el lema “Ni droite ni gauche”. El Frente Nacional superó la Guerra Fría mejor que cualquier partido comunista y hoy se presenta como un partido antiliberal y antieuropeo que pretende recuperar la soberanía cedida a los burócratas de Bruselas. Marine Le Pen acude a estos comicios con el reclamo ‘En nombre del pueblo’. Qué melodía tan familiar.

En Filmin se puede ver El ejército de Marine Le Pen. Es un buen documental porque no permite que la soflama desplace a los hechos, que es lo que suele ocurrir con los documentales tiernamente militantes. Los hechos siempre son más demoledores que las soflamas. El otro día Jordi Évole, por ejemplo, eligió el arma de los sentimientos para enfrentarse a la sobrina de Marine, la díscola, la favorita de Jean-Marie: Marion Marechal-Le Pen. La mirada de la refugiada en el iPad, mírele a los ojos, qué le diría, qué siente. Fracasó. Los dirigentes del Frente Nacional son traficantes de sentimientos, ¿a quién se le ocurre ofrecerle un escaparate para su mercancia?

El momento cumbre de la película es el que muestra la construcción de un acontecimiento. Steve Briois dirige un curso de estrategia para dirigentes locales del FN. Uno de los asesores de campaña les instruye sobre cómo generar alarma social. “En tres o cuatro líneas hacéis un relato de cosas que han ocurrido (…) Ayer, una vez más, en nuestro pueblo se quemaron tres coches en tal barrio o en tal otro (…) Segundo, dirigíos a los responsables. Es fácil siempre son los mismos (…) Tercero, escribimos nuestras propuestas”. Ese es el molde. Un blindaje argumental. El relato del miedo sigue esa estructura. La simplificación. Y está triunfando.

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