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El instante decisivo

Pienso que quizás hoy nos falta mucho de todo esto. Somos incapaces de detenernos ante una emoción, mucho menos ante un charco, una pequeña flor o la sencillez de un pan. Necesitamos aprender a mirar.

Para los que no lo sabéis, soy amante de la fotografía desde que tengo uso de razón, gracias a mi padre. Y desde que lo descubrí (hace ya unos años), muy fan de las imágenes de Henri Cartier-Bresson. Así que me encantaría poder visitar esa exposición del Centro Pompidou que estos días, y hasta el 9 de junio, reúne 500 fotografías, pinturas, dibujos y documentales de Cartier-Bresson. En ella presentan, sobre todo, sus fotos menos conocidas, aunque también las clásicas. La buena noticia es que la exposición se podrá ver en la Fundación Mapfre de Madrid desde el 28 de junio hasta el 8 de septiembre.

Fotoperiodista, francés y comunista, Cartier-Bresson vivió 96 años. Cofundador de la prestigiosa Agencia Magnum. Recorrió el mundo retratando siempre, con su inseparable Leica, todo ‘instante decisivo’ que podía. Me encanta su mirada. Desde un hombre saltando un charco con la Torre Eiffel de fondo, pasando por la mujer con una flor con todos los soldados apuntándole, la famosa bicicleta que cruza una curva vista desde la escalera de caracol, una pareja de hombres que venden periódicos jugando medio enamorados, el que tira la red desplegada al mar, niños que se esconden entre barricadas, los tumultos, las guerras, hasta llegar a captar el miedo, el asco, la inocencia, la sensualidad, el dolor, la esperanza y las mil pasiones y emociones humanas…

Gran fotógrafo, gran sensibilidad, gran contemplativo. De hecho, murió como tal apartado de toda la frenética actividad que había vivido. Pienso que quizás hoy nos falta mucho de todo esto. Somos incapaces de detenernos ante una emoción, mucho menos ante un charco, una pequeña flor o la sencillez de un pan. Necesitamos aprender a mirar. Saber sentir y sorprendernos ante la belleza de lo cotidiano, de lo humano. Contemplar no es más que dejarnos cautivar y conectar con ese ‘no sé qué’ de la vida que nos va cuestionando y llenando… Él lo explica quizás mejor:

“Acababa de descubrir la Leica. Se transformó en la extensión de mis ojos y nunca me ha separado de ella desde que la hallé. Merodeaba por las calles todo el día, tenso y preparado para brincar, resuelto a ‘atrapar’ la vida, a preservar la vida en el acto de vivir. Ante todo, ansiaba apresar en los confines de una sola fotografía toda la esencia de alguna situación que estuviera desarrollándose delante de mis ojos.” Eso que seguramente nos perdemos nosotros muchas veces al día, ese ‘instante decisivo’.

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