Marta Parreño Gala

Desafortunados compañeros

¿Lo hacen en nombre de la tradición? ¿En nombre de algún dios? ¿De la supervivencia o la biodiversidad? Importa bastante poco el motivo final esgrimido por el que se asesina con superioridad, crueldad, alevosía y premeditación a otro ser vivo.

Opinión

Desafortunados compañeros
Marta Parreño Gala

Marta Parreño Gala

Periodista y cineasta. Escribo, filmo y creo. He rodado 7 cortometrajes y trabajado en El Periódico de Catalunya, Ling Magazine, COM Radio y La Vanguardia. Ahora en Adams Editorial.

¿Lo hacen en nombre de la tradición? ¿En nombre de algún dios? ¿De la supervivencia o la biodiversidad? Importa bastante poco el motivo final esgrimido por el que se asesina con superioridad, crueldad, alevosía y premeditación a otro ser vivo.

Hoy tenía dos fotos salvajes sobre las que escribir porque las dos hablaban de lo mismo. La primera era una corrida de toros en Spain y la segunda mostraba una matanza de ballenas en Dinamarca. Países lejanos, culturas distintas, crueldad compartida. He optado por dedicar mi artículo a la última por una cuestión visual porque, desgraciadamente, aquí ya estamos demasiado acostumbrados a que nos muestren la tortura taurina como algo normal, festivo, e incluso artístico –con perdón del arte y la verdadera búsqueda de la belleza, que ni siquiera se les ensucia la boca a los que insinúan algo así-.

Hace un par de días 250 ballenas fueron acorraladas y rajadas con lanzas y machetes en las Islas Feroe por residentes de la zona en un asesinato masivo para el que contaron con la colaboración inestimable de la Marina danesa. Y es que aunque la caza de ballenas está prohibida en Unión Europea, Copenhague ha decidido proteger este tradicional y cruel evento que tiñe el Atlántico Norte de rojo una vez al año.

¿Lo hacen en nombre de la tradición? ¿En nombre de algún dios? ¿De la supervivencia o la biodiversidad? Importa bastante poco el motivo final esgrimido por el que se asesina con superioridad, crueldad, alevosía y premeditación a otro ser vivo. Se pierde toda razón. Se queda uno sin dignidad y se ensucia también por dentro. Se mancha uno las manos de sangre por ‘diversión’ clavando espadas, lanzas o machetes sobre cuerpos vivos y lo que distingue al ser humano de algunos animales salvajes desaparece al instante como por arte de magia.

Hoy quería hablar de la crueldad y el despotismo del hombre frente a los animales, desafortunados compañeros de planeta, porque las rajas profundas de estas ballenas abiertas dejan entrever un fondo tan oscuro que además de doler, por encima de todo asusta.

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