Raquel Sastre

Del cerdo, hasta el rabo

Creo fielmente en la cadena alimenticia, por eso la lechuga se la doy al conejo, el conejo lo troceo y se lo echo al cerdo, y ya cogeré los nutrientes vegetales que queden en las morcillas

Opinión

Del cerdo, hasta el rabo

Creo fielmente en la cadena alimenticia, por eso la lechuga se la doy al conejo, el conejo lo troceo y se lo echo al cerdo, y ya cogeré los nutrientes vegetales que queden en las morcillas

Cuando vi esta foto se me ocurrieron tres temas: hablar de políticos, de tíos un sábado por la noche o de dieta mediterránea. He optado por la última. Como personaje que a veces sale en televisión, más allá de los vídeos de bodas, bautizos y comuniones familiares, defiendo a morir la dieta mediterránea, pero la verdadera, la del cerdo. 

Mi ciudad, Murcia, es conocida como «la huerta de Europa» y es innegable la calidad de nuestras verduras, pero, si queremos ser fieles a la dieta mediterránea, tenemos que usarlas bien. Creo fielmente en la cadena alimenticia, por eso la lechuga se la doy al conejo, el conejo lo troceo y se lo echo al cerdo, y ya cogeré los nutrientes vegetales que queden en las morcillas.

Mi abuelo, que creció en la posguerra, nos llama a esta sociedad de ahora gilipollas. Y con razón. Cuando él podía comer, no tenía, y, ahora que tiene, no puede. Que si el azúcar, que si el colesterol, la tensión. Y nosotros haciendo dieta como imbéciles por poder meternos en una talla 38 de pantalón. Si ahora mismo alguien me dice que me paga 10.000 si me cabe una 38, me corto los dedos del pie y me pongo unos zapatos de ese número. Que hubiese especificado prenda.

No concibo una vida a dieta. Nunca seré una chica de portada, pero sí feliz. Para que se hagan una idea, ¿han estado cerca de alguien que está dejando de fumar? Pues ese es mi humor si me paso un día a verduras. Y más de uno dirá, ¡pues ve al gimnasio! En ese caso, relean de nuevo. Yo, lo que quiero, es una vida cómoda y feliz. Comer lo que quiera y ejercitar sólo en la cama (o el sofá, o el suelo, o la encimera). Y que viva la celulitis.

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