Jesús Nieto

De cómo Rhodes cae de pie en la España podemita

«En realidad, ponerle apellido a una ley redundante y necesaria es una cosificación con la que Irene Montero transige alegremente»

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De cómo Rhodes cae de pie en la España podemita

En España, la ley y la Historia van orillando a Montesquieu y a Benito Gutiérrez y se nos va quedando un panorama en el que la jurisprudencia es Dolores Delgado y su sombra de ojos. Darle a Rhodes una ley tiene algo de justicia poética, de oportunismo recíproco y organillo desafinado. Porque darle una ley a Guaidó no sería buena idea y hay que desjudicializar la política… aun a costa de un pianista.

Rhodes hace lo que puede con la gramática y todos admiramos rendidos su aportación al hispanismo. Con todo, los derechos de la infancia en España están más que protegidos, aunque el pianista quiera creer que en España andamos civilizándonos y demás. Lo cual que en este país vivimos entre dos músicos, Rhodes y el hermano de Sánchez, mientras que al fondo suena la monocordia frailuna de Oriol Junqueras al que la ley se le va a plegar hasta que salga bajo palio de Lledoners, que será pronto.
Si Calvo reventó esa cosa tan conservadora de la presunción de inocencia, ahora llega el tiempo de Rhodes en la legislación y en el papel oficial. En realidad, ponerle apellido a una ley redundante y necesaria es una cosificación con la que Irene Montero transige alegremente.

Cada época precisa de una sinfonía, y en esto que Rhodes, teclista del pajarito azul, empieza a pasar a la posteridad de los leguleyos. Por lo demás, la amistad entre Pablo Iglesias y el británico nos da una estampa de convivencia, sororidad y buen rollo que cabría en uno de los carteles de Benneton.

James Rhodes es lo más cercano que el Gobierno de progresista tiene a un creador o a un intelectual. A Máxim Huerta lo dejaron caer y García Montero es para Carmen Calvo como un Menéndez Pidal de la experiencia.

Y así todo…

Jesús Nieto

Jesús Nieto

Escritor, periodista, actor de doblaje y madrileño por narices. Ciclista de a diario. Blanco o colchonero según la digestión. Romántico rompedor de los tópicos.

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