Jordi Bernal

Cien días de pendón

Hablo por supuesto de la llamada a la delación del disidente y a la actuación de una policía política que el presidente de la Generalitat Quim Torra estampaba en panfleto hace escasas semanas mientras se paseaba en calzón corto por fiestas mayores y demás manifestaciones del acervo popular autóctono.

Opinión

Cien días de pendón
Foto: Renata Brito
Jordi Bernal

Jordi Bernal

Periodista a su pesar y merodeador de librerías y cines. Autor del libro de crónicas Viajando con ciutadans (Ed. Triacastela, 2015)

Se va Neil Simon como un anticipo escalofriante del fin de las vacaciones. Con él la vida era una risa aunque escondiera la deprimida mueca del pesimista. Detrás de todo gran escritor cómico habita un triste irredento. Sin lugar a dudas ‘La extraña pareja’ le dio un éxito mundial sostenido por otras aportaciones a una comedia agridulce y con voluntad de microscopía de las relaciones humanas: ‘Descalzos por el parque’, ‘La segunda oportunidad’ o ‘Perdidos en Yonquers’ son buena prueba de ello.

Pero para mí el nombre de Neil Simon se asocia indisoluble al libreto de ‘Un cadáver a los postres’, parodia de grandes personajes de la novela negra y de casos de la literatura y el cine criminal. Un clásico de plácidas y domingueras sobremesas televisivas con el que descubrimos, además, la insoportable voz de Truman Capote. Este divertimento en clave que se reía cariñosamente de una educación sentimental libresca (la del propio Simon) supone un sano ejercicio de caricatura cinematográfica que unos años más tarde probaría de nuevo con la escritura de ‘Un detective barato’, sin alcanzar esta vez el grado de brillantez de la precedente aunque manteniendo el mismo espíritu burlón y paródico.

Y quizás sea este tomárselo a coña todo un poco una buena receta para soportar el otoño que se nos presenta y que ha empezado a mostrar tenuemente sus formas (o deformidades) menos simpáticas y vistosas. Hablo por supuesto de la llamada a la delación del disidente y a la actuación de una policía política que el presidente de la Generalitat Quim Torra estampaba en panfleto hace escasas semanas mientras se paseaba en calzón corto por fiestas mayores y demás manifestaciones del acervo popular autóctono. Como desgraciadamente hemos podido comprobar en los últimos días, la llamada ha surtido efecto y se han producido ya las primeras identificaciones a particulares por no comulgar con lazos amarillos y demás simbología lacrimógena. Esta ha sido la única medida efectiva (a manera de amedrentamiento) que ha llevado a cabo el sesteante gobierno Torra en sus primeros cien días. Así pues, el erial broco y broncas de estos tres meses de mandato de los enlazados ofrece una perspectiva poco halagüeña de lo que está por venir. Riámonos, pues, hasta que podamos. O hasta que nos dejen.

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