Manuel Arias Maldonado

Blow Up

"Me interesa destacar cómo la percepción humana de la realidad ha ido modificándose sucesivamente al hilo de los cambios operados en nuestra concepción de la justicia"

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Blow Up
Foto: Toni Albir
Manuel Arias Maldonado

Manuel Arias Maldonado

Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Málaga y colaborador habitual en prensa y medios culturales.

Este pasado fin de semana comenzaron las celebraciones del llamado Orgullo Gay, fiesta reivindicativa de la condición homosexual cuya bendita normalización no parece tener ya marcha atrás en el mundo democrático; cuestión distinta es el inevitable debate acerca de la necesidad o las formas de la propia festividad. Pero lo que me interesa destacar aquí es cómo la percepción humana de la realidad ha ido modificándose sucesivamente al hilo de los cambios operados en nuestra concepción de la justicia. La cultura puede verse como el lugar donde van emergiendo esas nuevas percepciones. Y aunque no todos los individuos hacen suyos esos nuevos modos de ver, la gradual ampliación de nuestra esfera de atención moral se expresa en un conjunto de derechos y protecciones de distinta índole que nadie puede ignorar.

Ahora bien: cuando centramos nuestra atención en una parte de la realidad, estamos dejando de prestársela a otra. La historia reciente de la cultura también es la historia de esa constatación. Pensemos en cómo el feminismo ha ido complicando progresivamente la categoría antes unánime de la «mujer» y puntualizado que no todas las mujeres se encuentran en la misma situación; algo que desde luego puede predicarse también de los varones. O miremos atrás: hace dos siglos, el esclavismo era considerado algo natural pese a que la Escuela de Salamanca había debatido mucho antes el estatuto jurídico de los nativos americanos. A los propios niños hemos pasado a verlos de otra manera, mucho más atenta a sus necesidades; ya no abandonamos a su suerte a los ancianos; empieza a asomar una consideración más compasiva de refugiados e inmigrantes.

Así que cada revelado de la fotografía nos muestra un nuevo sujeto de atención. Eso debería llevarnos también a la sospecha: ¿qué es lo que no estamos viendo? ¿Nos queda algo por descubrir? Se siente uno tentado a pensar que, pese a los avances morales ya experimentados, los animales siguen fuera de nuestro campo de visión: no hemos terminado de salir de la especie. Pero si algún día logramos incorporarlos plenamente a nuestro modo de ver, ¿qué será lo siguiente? ¿Aprenderemos cosas nuevas sobre las plantas? ¿O tiene la historia, al menos esta historia, un final?

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