Marta Parreño Gala

Atrapados en el tiempo

¿Cuántos nos acordamos ayer de Bill Murray al ver a la marmota Phil realizando su predicción meteorológica en manos de un señor con sombrero?

Opinión

Atrapados en el tiempo
Marta Parreño Gala

Marta Parreño Gala

Periodista y cineasta. Escribo, filmo y creo. He rodado 7 cortometrajes y trabajado en El Periódico de Catalunya, Ling Magazine, COM Radio y La Vanguardia. Ahora en Adams Editorial.

¿Cuántos nos acordamos ayer de Bill Murray al ver a la marmota Phil realizando su predicción meteorológica en manos de un señor con sombrero?

¿Cuántos nos acordamos ayer de Bill Murray al ver a la marmota Phil realizando su predicción meteorológica en manos de un señor con sombrero? Creo que muchos, una servidora entre ellos. Y me temo que, entre banqueros suicidas, olas de frío polar, terremotos y tiroteos en escuelas, teletransportarse a la ficción durante unos segundos al repasar las noticias del día, es una muy buena señal.

En Atrapados en el tiempo Bill Murray se traslada a un lugar llamado Punxstawnwey para cubrir «El día de la Marmota», una costumbre simpática y absurda que ayer, como cada año, se volvió a celebrar en Estados Unidos. Murray entra en un bucle vital y se despierta cada mañana condenado a repetir el mismo día. Ni siquiera el suicidio le sirve de escape. Descubre que sus actos no tienen consecuencias y a pesar de ello termina convirtiéndose en mejor persona. Una bonita moraleja que me despierta serias dudas sobre su aplicación real si es que ésta fuera posible.

Veo la historia de Murray como un reflejo de la nuestra, la colectiva. Cada mañana él se despierta con la misma canción, pisa el mismo charco y se topa con el mismo pelmazo de turno. Como nosotros. Comete una y otra vez los mismos errores a pesar de saber que puede cambiar las cosas. Como nosotros. Sólo cuando intenta cambiarlas de verdad, el nudo se deshace y queda liberado. Ahí es donde nuestras narraciones se separan. Nosotros aún no hemos llegado a esa parte: la historia de la humanidad está atrapada en el segundo acto, en un bucle infinito de sucesos, desgracias y errores sin fin.

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