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Apenas fisuras para que entre libertad

Resulta grotesco y vergonzoso a un tiempo que la Organización de Estados Americanos no sea capaz de hacer un llamamiento conjunto para exigir al régimen de Nicolás Maduro un retorno a una conducta mínimamente civilizada.

Es una gran noticia que 26 ex-mandatarios latinoamericanos y españoles, entre ellos personalidades tan significativas como Fernando Henrique Cardoso, Ricardo Lagos, Felipe González o José María Aznar, se unieran en un documento para denunciar la “crisis democrática” en Venezuela. Pero también es una trágica noticia que, después de años de régimen autoritario fracasado, creciente pobreza y desabastecimiento, brutal expansión de la delincuencia con 25.000 muertes violentas anuales, colapso económico y social, hayan tenido que ser políticos jubilados los que verbalicen una denuncia por la catástrofe venezolana. Resulta grotesco y vergonzoso a un tiempo que la Organización de Estados Americanos no sea capaz de hacer un llamamiento conjunto para exigir al régimen de Nicolás Maduro un retorno a una conducta mínimamente civilizada. Con la liberación de todos los presos políticos como primera condición. Pero lo cierto es que no se ha hecho ningún intento real de llevar adelante una iniciativa de ese tipo porque está abocada al fracaso. Y lo está por muchas razones. Primero porque son muchos los países miembros de la OEA gobernados por partidos y líderes que le deben todo o mucho al dinero chavista y la dirección política, policial e ideológica castrista. Segundo, porque posicionarse en favor de la libertad y en contra del fracasado socialismo del siglo XXI, aun supone un peligroso aislamiento en el continente. Y desde luego granjearse muchos enemigos feroces y ningún amigo fiable.

Lo cierto es que casi toda Latinoamérica está firmemente controlada por gobiernos que simpatizan con el criminal gobierno de Venezuela. Y muchos de ellos no están nada lejos de las prácticas de Maduro aunque sus situaciones sociales y políticas no sean comparables. Pero lo cierto es que, en estos tiempos en los que se acabó definitivamente la opulencia que garantizaba el alto precio de un petróleo que aun fluía sin dificultades en Venezuela, es mucho más probable que todos estos regímenes no tiendan a una mayor liberalización sino por el contrario a un mayor control y una mayor represión. Los pocos países que aun tenían a gala la defensa de las libertades civiles e individuales como Chile -cuya presidenta se ha negado a recibir a la mujer de Leopoldo López- o Colombia, ya tienen gobiernos que simpatizan o comparten intereses con otros regímenes afines a Maduro o con Maduro mismo. Y por supuesto con Cuba, la triunfadora de la Cumbre de Panamá. Nadie va a arriesgarse a quedar aislado en el subcontinente por defender unas libertades que el propio presidente de los EEUU, Barack Obama, ha relativizado obscenamente en sus comparecencias. Si Cuba, una dictadura que no ha hecho ninguna concesión a los derechos y libertades de su población, merece ese trato preferencial de Obama, es que las prioridades son ya evidentemente otras para el gigante democrático del norte. Cuando el propia Obama ha trivializado la dictadura, es evidente que los gobiernos de la región que se rigen por la alianza del Foro de Sao Paulo del izquierdismo continental, no harán ninguna concesión a fuerzas discrepantes y opositoras. La Habana podrá disfrutar de su inmensa influencia política generada en los pasados quince años por toda Latinoamérica. Y se ocupará de que en ningún sitio se abran fisuras excesivamente grandes como para que pueda colarse demasiada libertad.

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