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Antropoceno eres tú

Todavía no tenemos gobierno en España y ha llegado el Antropoceno, la nueva era geológica. ¡La actualidad no espera a nadie! Aunque en este caso la actualidad remita a un proceso de hibridación socionatural que lleva en marcha miles de años y se acelera en los últimos siglos, con especial mención a la segunda posguerra mundial. Nada que deba sorprendernos: como apunta Frank Trentman en Empire of Things, una fascinante historia del consumo, 772 millones de televisores fueron vendidos en Estados Unidos entre 1980 y 2009. Entre los primeros asentamientos agrícolas y la cultura material contemporánea hay así un nexo común: el ser humano. De ahí el antropocentrismo de que hace gala el nuevo término, que algunos consideran -en un ejercicio de paradójica modestia- pura megalomanía. Pero los hechos son tozudos y nos señalan como protagonistas indiscutibles de la alteración a gran escala del sistema terrestre. Por más que algunos sean más responsables que otros.

Propuesto inicialmente por un grupo de geólogos disidentes, el Antropoceno ha sido ahora aceptado de forma preliminar por el conjunto del gremio. Se trata de un paso decisivo para su oficialización, a la espera de que la opinión pública se avenga a reconocer su importancia. Ésta reside en sus significados morales y políticos, que distan de ser pacíficos: unos encuentran en el Antropoceno la confirmación del carácter predatorio del ser humano, otros hablan de “Capitalceno” para denunciar el decisivo rol del capitalismo en este proceso, mientras aún otros preferimos ver en él la inevitable consecuencia de la habitación humana del mundo. ¿O es que la colonización transformadora del medio natural es una opción y no una necesidad para una especie excepcional, que se adapta al planeta adaptando el planeta a ella?

En realidad, solo ahora estamos tomando conciencia de lo que hemos hecho sin saber lo que hacíamos. Por eso el Antropoceno llega en el momento justo, ofreciéndonos la oportunidad de reorganizar las relaciones socionaturales conjugando bienestar humano, sostenibilidad medioambiental y protección animal. Esto exige una política antropocénica compatible con el proyecto moderno, no el abrazo de absurdas fantasías pastoriles: refinar antes que desmantelar. Políticamente, además, no hay otro camino: ¡hay que seguir ganando elecciones!

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