Sandra Barneda

Adiós a Mr. Osito de Goma

No deseo enfervorecer a las masas al consumo despiadado de golosinas, sino en reafirmarme que lo pequeño puede ser muy grande

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Adiós a Mr. Osito de Goma

No deseo enfervorecer a las masas al consumo despiadado de golosinas, sino en reafirmarme que lo pequeño puede ser muy grande

Hay pocas cosas que nos provoquen placer y sonrisa a mayores y niños; que unan generaciones porque rescatamos de nuestra infancia o, porque nunca hemos abandonado. Hay pocas cosas que hayan sobrevivido a guerras mundiales y frías, caídas de muros, rebeliones y persistan en estos tiempos tan bárbaros. Por todo ello y por ser una confesa consumidora atemporal pero compulsiva, reconozco que he sentido cierta tristeza al enterarme de la muerte del padre de los famosos Ositos de Goma. ¿Ositos de Goma? No me digan que… ¡No los conocen! Puede que me tachen de frívola, pero ¿quién no se ha empachado con ellos, no los ha manoseado juntando varios en busca de múltiples posturas, a cada cuál más creativa –yo me quedo con la clásica, dos osos besándose–, o elegido por colores cuáles engullir primero? Quizás sea ciertamente frivolidad hablar de una de las pocas industrias que, a pesar de la crisis, sigue creciendo, en el último año un 3,7%. Escribo sobre ellos, mientras los mastico tratando de sentir su historia… por cuantas bocas, familias y situaciones habrán sido testigos antes de ser devorados con la ansiedad de quien quiere ser saciado a base de gelatina, azúcar y jugo de frutas. Una fórmula tan secreta como bien guardada por Hans Riegel, el rey de las famosas gominolas que muere después de más de setenta años al frente de la empresa que creó su padre en 1920 con un saco de azúcar y mucha ilusión. En busca de esa ilusión perdida, no puedo evitar medio sonreír si pienso en los famosos ‘ositos bailarines’; su nombre de origen, en honor a los osos vestidos y jalados con un cadena, tradicionales en las ferias de Bonn. No deseo enfervorecer a las masas al consumo despiadado de golosinas, sino en reafirmarme que lo pequeño puede ser muy grande.

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