Jose Maria Inigo

Achtung. Feuer. (Alto.Fuego)

Se cumple ahora un cuarto de siglo de la caída del muro de Berlín y apenas hay ahora rastro de las enormes diferencias que en un tiempo hubo entre ambos lados. Berlín se ha convertido con la reunificación en una inmensa y moderna metrópoli casi diez veces más grande que Madrid.

Opinión

Achtung. Feuer. (Alto.Fuego)

Se cumple ahora un cuarto de siglo de la caída del muro de Berlín y apenas hay ahora rastro de las enormes diferencias que en un tiempo hubo entre ambos lados. Berlín se ha convertido con la reunificación en una inmensa y moderna metrópoli casi diez veces más grande que Madrid.

Se cumple ahora un cuarto de siglo de la caída del muro de Berlín y apenas hay ahora rastro de las enormes diferencias que en un tiempo hubo entre ambos lados. Berlín se ha convertido con la reunificación en una inmensa y moderna metrópoli casi diez veces más grande que Madrid.

Todavía recuerdo con cierto temor mi paso por el famoso Checkpoint Charly que dividía en dos aquel Berlín dolorido y el paseo posterior por la zona roja, gigantesca, solitaria, pobre, de edificios inmensos, casi todos oficiales, ni un solo anuncio publicitario, pocas tiendas, miradas tristes, coches descacharrados, apenas tráfico…

Hoy 25 años después apenas quedan rastros de aquella época trágica en la que un muro separaba no solo a los vecinos de una ciudad, sino a dos mundos de ideología y sentimientos diferentes.

De 167,8 kilómetros de largo, el muro fue testigo de una permanente tragedia. Más de doscientas personas fueron asesinadas en su intento de cruzar al otro lado. Las ametralladoras automáticas dotadas de células infrarrojas buscapersonas no perdonaban. No hay cifras exactas de los que murieron en su intento de cruzar el muro en busca de la libertad, pero todo indica que la cifra supera los dos centenares.

El 9 de Noviembre de 1989 cayó el muro. Fue la noticia del año. Los medios de comunicación nos contaron con todo lujo de detalles las escenas desgarradoras de los reencuentros de las familias separadas por el muro. Años más tarde los antiguos soldados rojos trataban de sobrevivir vendiendo en las calles sus uniformes, medallas y gorros como recuerdos para turistas. Las escenas eran penosas. Los temibles “vopos” rojos no eran tras la caída del muro sino una mísera muestra de su derrota, su pobreza y su desconsuelo.

Hoy, 25 años después, las autoridades turísticas ofrecen a los visitantes una docena de recorridos por los lugares que protagonizaron uno de los acontecimientos más vergonzosos de nuestra historia moderna, mostrando, entre otros lugares, los túneles escavados por quienes intentaron la fuga, sucumbiendo casi siempre a su esperanza de libertad, el metro que también fue escenario de huidas, y los puntos de vigilancia de los vigilantes del muro.

Contemplar hoy las fotografías de aquellos terribles años todavía consiguen dejarnos sin habla. Esas imágenes son la prueba palpable de hasta dónde puede llegar la intransigencia y la crueldad del ser humano. Que sirvan al menos para ayudarnos a no volver a repetir semejantes atrocidades.

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