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El uso ilegal del gas CFC-11 en China aumenta el agujero en la capa de ozono

Redacción TO
Foto: Uncredited | AP Foto

El CFC-11, un gas empleado en la industria de la construcción china, es el causante de un aumento del tamaño del agujero en la capa de ozono. Este producto químico se utiliza como un agente de expansión para la espuma de poliuretano, que ayuda a transformarlo en el aislamiento térmico rígido que se emplea en las casas para reducir las facturas de energía y las emisiones de carbono.

La Agencia de Investigaciones Medioambientales (EIA, por sus siglas en inglés) ha publicado este mes un informe en el que demuestra el uso extendido del gas en el gigante asiático, a pesar de que está completamente prohibido desde el año 2010. Investigadores de esta agencia han contactado con fábricas de espuma de 10 provincias diferentes de toda China y, tras reunirse con ejecutivos de 18 compañías, han concluido que el químico se utiliza al menos en el 70% de los aislamientos de poliuretano que las empresas llevan a cabo. La razón es simple: este gas es de mayor calidad y mucho más barato que sus alternativas en el mercado.

A pesar de la prohibición de su uso, la regulación al respecto es escasa. "Estamos absolutamente atónitos tras descubrir que las empresas reconocen abiertamente el uso de CFC-11 aún sabiendo que es completamente ilegal", declara Avipsa Mahapatra de la EIA a BBC News.

La producción china de espuma de poliuretano representa aproximadamente un tercio de la producción mundial, por lo que si continúa su uso podría llegar a retrasar el cierre del agujero de ozono en una década o incluso más, según las estimaciones de los científicos. Además de su impacto en la capa de ozono, este gas también contribuye al calentamiento global: sus efectos equivaldrían a los provocados por el CO₂ emitido por 16 centrales de carbón cada año.

China es uno de los países adscritos al Protocolo de Montrealque rige el uso de sustancias dañinas para la capa de ozono y, como último recurso, establece las sanciones comerciales en caso de que se incumpla la normativa. Sin embargo, desde que se firmó en 1987, no se ha impuesto ninguna sanción ni se prevé que ocurra en este caso. Lo más probable es que se aliente a China a tomar medidas enérgicas contra la producción de CFC-11 y a iniciar una investigación a gran escala con el apoyo de la secretaría del Protocolo de Montreal.

Entre los expertos que investigan este fenómeno existen sospechas acerca de la producción de nuevos suministros de este químico en algún lugar del este de Asia, así como de su uso para enriquecer en secreto el uranio para la fabricación de armas nucleares.